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miércoles, 25 de junio de 2008

Conclusión de la anécdota

Gabriel, lo de tu papá es sin duda buen ejemplo de ponerle los cinco sentidos a un negocio: Olfato, para saber dónde está el negocio; gusto, para saber que es bueno y gustará; oido, para escuchar al hijo que pregunta en momentos oportunos; vista para colocarle un distintivo sencillito, poco conocido pero de gran potencial respecto a su impacto visual... en el futuro; y tacto, para no molestar innecesariamente a sus empleados eficientes ni preguntándoles por su trabajo ni pagándoles los productos...

Eso sin contar la discreción. ¿Cómo te parece? en EPM también usan mucho los productos de tu papá pero por el bajo perfil que él le imprimió al negocio nadie supo nunca de dónde venían, aunque sí lo buenos que eran.

¡¡Ja, je, ji, jo, ju!!

Luisfer

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